domingo, 8 de noviembre de 2015

Padres

El respeto 
El respeto es un aliado de la proactividad. Un niño que se siente respetado es más proclive a colaborar y escuchar.  Podemos ser firmes, hacer cumplir las normas y no necesariamente faltar les el respeto. De hecho, es más fácil para nuestros hijos acatar unas normas o unos límites si nuestra postura es de respeto hacia ellos.

¿Qué conseguimos cuando les faltamos al respeto?


Pero gritarles, insultarles o ridiculizarles no es la única manera de faltarles al respeto. Pensemos en los ejemplos siguientes:
  • Les faltamos al respeto cuando somos impuntuales con ellos al recogerles o llevarles al colegio o a sus diferentes actividades extraescolares.
  • Cuando los ignoramos, cuando contestamos con un “sí” mecánico o un “no” automático porque sencillamente en ese momento es más importante para nosotros leer el periódico o escuchar las noticias.
  • Cuando agotados mental y psíquicamente, acabamos una situación que podría ser educativa con una bofetada que zanja la cuestión y afirma el poder (no la autoridad) del padre o la madre.
  • Les faltamos al respeto cuando sin ningún criterio, solo por nuestra comodidad y sin explicaciones, incumplimos las promesas que les hemos hecho.
  • Les faltamos al respeto cuando les exigimos cosas que nosotros no estamos dispuestos a hacer.
  • Cuando comparamos a nuestro hijo con otras personas que son mejores que él en algún aspecto.
De esta manera conseguimos, además de que ellos aprendan también cómo faltarnos el respeto, que nuestros hijos desconfíen de nosotros, que se sientan infravalorados y poco estimados, que aparezcan rencores o que “decidan” inconscientemente no comunicarse con nosotros.

¿Cómo actuar ante la falta de respeto de nuestro hijo?


Somos los padres y tenemos más experiencia y madurez. ¡No más categoría o dignidad! Todos nuestros hijos, independientemente de lo que hagan o digan, se merecen nuestro respeto, aunque a veces no nuestro apoyo ni nuestra autorización.
Cuando ellos nos faltan al respeto es precisamente cuando les hemos de devolver respeto, un modelo de actuación que les impacte en su mente y les haga replantearse su comportamiento.
Ante los insultos de tu hijo, devuélvele respeto. Corrígele, trasmítele tu malestar pero no respondas al mismo nivel que él, con ironía, desprecio, gritos o insultos.  ¡Sé un modelo correcto que pueda imitar en el futuro!
Ante la agresividad, sé modelo de autocontrol. Ante sus mentiras, sé modelo de sinceridad.
. Para él lo más fácil ante un conflicto es insultar o pegar.  Tu intervención debe ir dirigida a enseñarle otras formas de actuación, desde el respeto y la comprensión, no desde el odio o la ira.
Para que un niño aprenda a respetar, primero debe sentirse respetado.